No necesitas una app complicada ni ser bueno con los números para armar un presupuesto que funcione.
Con papel y lápiz, o las notas de tu celular, es suficiente para empezar a ver con claridad en qué se va tu dinero cada mes.
- Suma lo que entra. Si varía, usa un promedio conservador.
- Suma lo que sale sí o sí cada mes.
- Resta: lo que queda es tu margen real.
- Si el margen es negativo, ajusta antes de pedir prestado.
Paso 1: Anota todos tus ingresos del mes
Suma todo lo que entra: sueldo, ingresos extra, cualquier otra fuente.
Si tus ingresos varían mes a mes, usa un promedio conservador de los últimos tres meses. Tomar el mejor mes como referencia es el error más común, y hace que el presupuesto falle justo cuando más lo necesitas.
Paso 2: Anota tus gastos fijos
Renta, servicios, colegiaturas, pagos de deudas. Todo lo que pagas sí o sí cada mes, sin importar cuánto gastes en otras cosas.
Estos números suelen ser los más fáciles de identificar porque se repiten. No olvides los que no son mensuales: si pagas algo cada seis meses o una vez al año, divídelo entre los meses correspondientes y anótalo como gasto mensual.
Paso 3: Resta ambos
Ingresos menos gastos fijos te da lo que realmente tienes disponible para gastos variables (comida, transporte, entretenimiento) y para ahorro.
Ver este número con claridad es el punto de partida de cualquier decisión financiera. No hay forma de saber si puedes con un pago mensual nuevo si no sabes cuánto te queda libre.
Paso 4: Si el resultado es negativo, ajusta antes de pedir prestado
Si tus gastos fijos ya superan tus ingresos, revisa primero qué se puede reducir o renegociar antes de recurrir a un crédito.
Un préstamo puede ayudarte a cubrir un imprevisto puntual, pero no resuelve un presupuesto que no cierra mes con mes. En ese caso, el crédito suele volverse un gasto fijo más y agrandar el hueco. Si estás en esa situación, vale la pena leer cuándo conviene un préstamo a corto plazo y cuándo no.
Qué hacer con el número que te salió
Si te sobra, decide antes de que se gaste solo. Apartar una parte al inicio del mes funciona mejor que esperar a ver qué queda al final.
Si te sale justo o negativo, ya sabes cuánto tienes que mover y dónde. Y si después de ajustar sigues necesitando un crédito, al menos ahora puedes calcular qué mensualidad aguantas de verdad, y comparar el CAT de las opciones con ese número en la mano.
Si después de ajustar tu presupuesto sigues necesitando un préstamo, compara tus opciones aquí.
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Usa el promedio de los últimos tres meses, o mejor aún, el mes más bajo de ese periodo. Presupuestar con el mes bueno es lo que hace que el plan se caiga en el mes flojo.
No hay una cifra oficial. La idea práctica es que los pagos de deuda no te dejen sin margen para gastos variables ni para imprevistos. Si al pagarlas no queda nada, la carga ya es demasiado alta.
Sirve más, de hecho. Con menos margen, cada peso mal ubicado pesa más. El presupuesto no crea dinero, pero te muestra dónde está el hueco antes de que se vuelva una deuda.
Una vez al mes basta para la mayoría. Conviene rehacerlo cuando cambia algo grande: un aumento, un gasto fijo nuevo, o cuando terminas de pagar una deuda.

